“La poderosa belleza de lo inalcanzable” por Antonio Lorenzo (@last_ulfhedinn)

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Para celebrar que el telescopio Hubble lleva 25 años observando el Universo tengo el honor de contar con Antonio Lorenzo, un buen amigo que pertenece a la Asociación Astronómica del Bierzo, en Ponferrada. Durante este mes de mayo, la Asociación organiza una exposición con motivo del aniversario del telescopio en la que muestran diversas fotografías tomadas por el Hubble y un par de videos. Además, de cara a los más pequeños, todos los viernes de mayo ofrecen una actividad para colegios que consta de una pequeña charla sobre el Hubble y una observación solar.

Antonio ha realizado uno de los videos de la exposición y me ha concedido el deseo de presentarlo en el blog. Os dejo con sus palabras, con su forma de mostrar la poesía del Universo:

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Han pasado 25 años y nuestras preguntas siguen sin respuesta. Lejos de eso, las preguntas son cada vez más numerosas.

Cada vez que veo una imagen tomada por el Hubble, me imagino en caída libre hacia el fondo del conjunto de Mandelbrot, con sus paredes forradas de interrogantes.

El Hubble nos ha puesto ante los ojos pruebas convincentes de nuestro carácter infinitesimal, al menos cuantitativamente hablando, con respecto a la vastedad del universo conocido. Pero, ¿cómo podemos incorporar ese hecho a nuestro pensamiento?. ¿En qué medida afecta o debería afectar a nuestro comportamiento como especie y a nuestra relación con el entorno?. Veo una enorme distancia entre el hecho de ser infinitesimales y el que consigamos reconocérnoslo explícitamente a nosotros mismos.

Es indudable, por ejemplo, que hay un cambio climático y que nuestra especie tiene un papel innegable en el aceleramiento de los patrones de dicho cambio. Pero, en las escalas en las que nos empezamos a mover, ¿es esto motivo suficiente para considerar reprobable nuestro comportamiento como especie?. Porque se podría tener en consideración también que somos la única especie con capacidad suficiente para alterar todo nuestro contexto. De hecho, que yo sepa, somos la única especie capaz de atribuirnos un contexto.

Somos capaces de almacenar ingentes cantidades de conocimiento, pero nos mostramos más limitados a la hora de asimilarlo.

Con frecuencia, el ser humano se muestra cruel, descarnado y falto de aquellas características que le otorgan dicha condición. Pero también nos podemos mostrar magnánimos o implacables a la hora de juzgarnos a nosotros mismos. Lo que nos devuelve la condición de humanos.

Puede que en el camino que nos queda por recorrer como civilización tengamos que efectuar algún salto al vacío. Nos resultará extremadamente complicado porque este salto se opondrá diametralmente a todo lo que intentamos conseguir a través del conocimiento adquirido con nuestra capacidad de exploración, y que también creo que no es otra cosa que intentar pisar siempre sobre seguro. Pero no debemos perder de vista que ahí afuera, aparte de un vacío aterrador, existe una belleza que sólo nosotros somos capaces de apreciar.

Tras 25 años en órbita alrededor de nuestra casa, el Hubble nos ha dejado imágenes memorables. Me he permitido la libertad de recopilar algunos vídeos e imágenes y confeccionar un pequeño vídeo para conmemorar este aniversario. Os dejo con él y espero que lo disfrutéis.

 

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“Llámalo Química”, Abraham en “Ciencia en el Bulebar”

20150215_122644A la ciencia le gustan los bares. Allí se muestra cercana y atractiva, tira por tierra la imagen de dama fría e inalcanzable. Sexy y divertida, consigue fascinar a quienes la descubren. Enseña lo bello y apasionante que es el mundo visto desde sus ojos.

Alberto Márquez, Clara Grima, Enrique Fernández Borja y Carlos García Vallejo, grandes científicos y divulgadores, la conocen bien y, desde octubre de 2013, la invitan al bar “El Bulebar” en la Alameda de Hércules de Sevilla. Allí se da a conocer a través de charlas originales, entretenidas y rigurosas de brillantes divulgadores. Encuentros especiales entre la ciencia y la sociedad que pueden verse en streaming y son grabados para que todo el mundo pueda disfrutar de ellos en cualquier momento.

lbpabulebar1El pasado lunes, el  químico, casi-ingeniero de materiales y divulgador “podcasteril” en La Buhardilla 2.0, Abraham Vargas, dio una charla, sencillamente, magistral. Con un hilo narrativo muy bien elaborado y una gran dosis de creatividad y humor, mantuvo el interés de la audiencia en todo momento mientras enseñaba qué es la Química y aclaraba un gran número de conceptos que suelen interpretarse erróneamente. Logró cautivar al público y cumplir su objetivo: denunciar la quimifobia y a aquellos que se sirven de ella para hacer dinero. Mostró, de una forma atractiva y amena, que todo cuanto nos rodea es Química.

DSCF5896_lzn_modMe gustaría destacar la exquisita pirueta narrativa que hizo al valerse del vaso de agua para cambiar de tema y pasar a hablar de la amatista. Fue una filigrana tan bien ejecutada que a muchos les pasó inadvertida.

Otro punto a favor fue la presentación en power point. Nos advirtió de que era pésimo haciendo presentaciones pero, en realidad, la sencillez de la misma contribuía al ambiente de complicidad que estaba creando y cumplía con la regla de oro de toda buena presentación: servía como mero apoyo visual a lo que era verdaderamente importante, su exposición.

DSCF5903_lzn_modEn resumen, con unas tablas propias de un ponente experto, se metió a la gente en el bolsillo y consiguió que disfrutasen aprendiendo. Abraham dijo que era un químico “de los malos” (porque no ha trabajado “de lo suyo”) y yo digo que ha vuelto a dejar claro que es un divulgador de PRIMERA CATEGORÍA.

“Cada vez que alguien se pasa por el forro a la ciencia se está pasando por el forro la vida de millones de personas que se han dedicado a trabajar por la ciencia y transmitirnos un legado.” Abraham Vargas

dscf5905_lzn_modQuiero dar las gracias a los responsables de “Ciencia en el Bulebar” por darme total libertad para publicar las fotografías y los vídeos que os enlazo a continuación. En su blog podéis encontrar muchas más fotografías del evento así como el resto de charlas que se han hecho y que son imprescindibles.

Sé que os gustará la charla, es fabulosa.

Vídeo de buena calidad de Ciencia en el Bulebar:

 Vídeo del streaming:

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“Corpusculeros vs Ondulatorios”, la historia del estudio de la naturaleza de la luz en “Pa ciència, la nostra”

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El 20 de diciembre de 2013, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en su 68ª Asamblea Anual proclamó 2015 como el Año Internacional de la Luz y las Tecnologías basadas en la Luz. Mediante dicha decisión la ONU pretende concienciar a la sociedad de la importancia de la Luz y las Tecnologías basadas en la luz en nuestro día a día, en el desarrollo de la humanidad y en los retos a los que esta se enfrenta. Busca, también, el fomento de la cultura científica y el incremento de vocaciones científicas en los más jóvenes.

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Asimismo, el Año Internacional también celebra aquellos aniversarios más notables de descubrimientos y teorías científicas relacionadas con la luz que se cumplen en 2015. Entre ellos, se conmemoran la publicación del tratado de óptica de Alhacén “Kitab al-Manazir” (1015), la hipótesis ondulatoria de la luz de Fresnel (1815), la teoría del electromagnetismo de Maxwell (1865), la teoría del efecto fotoeléctrico de Einstein y la inclusión de la relatividad general y la luz en la cosmología (1905 y 1915), así como los desarrollos de Charles Kao sobre la tecnología de fibra óptica (1965).

Para más información sobre las actividades de este año podéis consultar al portal www.luz2015.es  .

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Para celebrar el Año Internacional de La luz 2015, en “Pa ciència, la nostra”, dedicamos dos ediciones de mi sección de física “La Centripetadora”, a explicar la evolución del conocimiento sobre la naturaleza de la luz. O lo que es lo mismo, lo que Màrius y Dani describen como “corpusculeros vs ondulatorios”.

La primera parte empieza en el siglo V. a.C. con el poeta, médico y filósofo griego Empédocles de Agrigento que inicia la teoría de los efluvios luminosos que provenían de los ojos y termina con la hipótesis “no tan corpuscular” de Isaac Newton. Como escucharéis, si bien Newton defendió la naturaleza corpuscular de la luz, para explicar la difracción observada por su amigo James Gregory, concluyó que la luz estaba formada por minúsculos “átomos luminosos” de diversos colores que al moverse a través del éter producían ondulaciones a su alrededor. Entre ambos aparecen los nombres y contribuciones de científicos como Demócrito, Platón, Aristóteles de Estagira, Tito Lucrecio Caro, Herón de Alejandría, Claudio Ptolomeo, Abū Rayhān al-Bīrūnī, Abu Saʿd al-ʿAlaʾ ibn Sahl, Ibn al-Haytham, Johannes Kepler, René Descartes, Pierre de Fermat , Pierre Gassendi, Robert Hooke, Christiaan Huygens o Ole Christensen Rømer

 

La segunda parte se inicia con los experimentos de Thomas Young destinados a investigar si un haz luminoso interfiere consigo mismo y concluye con el príncipe francés Louis De Broglie y su hipótesis sobre la doble naturaleza de la luz onda-corpúsculo. Los científicos y descubrimientos que  protagonizan este segundo recorrido son Augustin-Jean Fresnel,  Étienne-Louis Malus, David Brewster,  Michael Faraday, James Clerk Maxwell, Oliver Heaviside,  Heinrich Rudolf Hertz, Edward Morley y Albert Michelson,  Albert Einstein y Max Planck.

 

Los audios están en catalán, aunque creo que pueden entenderse. Si no los entendéis bien o queréis profundizar más en el tema, os recomiendo las siguientes entradas del blog El Tamiz sobre la naturaleza de la luz: I, II y III.

 

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Ángela Ruiz Robles, la maestra inventora

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“Se viene a este mundo no solo a vivir nuestra vida lo más cómodo y mejor, sino a preocuparse de los demás para que puedan beneficiarse de algo ofrecido por nosotros”­­­­

La vocación pedagógica de Ángela Ruiz Robles provenía de su voluntad de ayudar a los demás. Era una mujer inteligente y decidida que no flaqueaba en su empeño por hacer lo que creía correcto. Centró su vida en la enseñanza a la que dedicó todos sus años de maestra, sus múltiples libros de texto y sus inventos revolucionarios. Con el diseño de la Enciclopedia Mecánica, que perseguía hacer más atractivo y cómodo el aprendizaje, se convirtió en la precursora del libro electrónico.

Ángela Ruiz Robles nació en Villamanín (León) en 1895. Cursó sus estudios superiores e impartió sus primeras clases en la Escuela de Magisterio de León. En 1917 fue docente y directora en Gordón (León) y, un año después, obtuvo una plaza de maestra en Santa Uxia de Mandiá, donde permaneció hasta 1928. Durante ese tiempo tuvo que sufrir las amonestaciones del alcalde por montar a caballo a horcajadas, postura que no creía decorosa para una maestra, mientras se ganaba día a día el cariño de los vecinos de la aldea. Siempre se mostraba alegre y atenta con todo el mundo y, cuando cerraba la escuela, se acercaba a los domicilios a dar clases particulares de forma desinteresada a una población mayoritariamente analfabeta. Llegaron a tenerla en tan alta estima que el 18 de diciembre de 1925 le hicieron un reconocimiento público otorgándole “una distinción especial por sus indiscutibles méritos.”

En 1928, se trasladó a vivir a Ferrol con su familia donde, seis años después, empezó a ejercer una importante labor educativa como gerente y maestra de la Escuela Nacional de Niñas en el Hospicio de Ferrol. La institución buscaba facilitar la integración social de los niños abandonados a través de la enseñanza primaria, la preparación musical y formación en aquellos oficios con más salidas de empleo en el municipio. En 1934, la Comisión Depuradora del Magisterio de la Coruña le abrió un expediente de depuración a raíz de una suscripción de cincuenta céntimos mensuales a un fondo de ayuda a las familias de los maestros presos en la revolución de octubre que tuvo lugar ese año en Asturias. Se proponía una sanción de un mes de empleo y sueldo. Para Ángela supuso la mayor ofensa que había recibido en su vida y en su descargo argumentó que “sólo creí practicar unan obra de caridad cristiana, no me pareció que fuese nada malo el atender a los niños”. Tras la investigación, el caso fue archivado en 1941 por la Comisión Superior Dictaminadora de Expedientes de Depuración, con la confirmación de la profesora en su cargo.

En 1940 inició su labor como escritora que se concretaría en la publicación de dieciséis libros. En el silencio de la noche, gestaba nuevas ideas que perseguían la mejora de la educación infantil. Sus hijas, ya adultas, recuerdan como se dormían al son del repiqueteo de la Hispano-Olivetti de Ángela.

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Dos de sus primeras obras, escritas en 1941, versaron sobre un nuevo método taquigráfico y el diseño de la máquina que permitía implementarlo. Para hacerlo, contaba con un nuevo orden más sencillo de signos y caracteres que podía aplicarse a cualquier idioma. Para Ángela, la multitud de lenguas que existían dificultaba la transmisión del conocimiento pero, visto que la introducción del esperanto fracasaba, añadió el inglés y el francés a todos sus inventos. Creía que era importante empezar a introducir los nuevos idiomas en la infancia, cuando al niño le resultaba más sencillo.

Otro de los inventos destacados de su prolífica obra fue el Atlas Gramatical que consistía en un desplegable dividido en unidades didácticas separadas que mantenían asociaciones de conceptos. Su versión más ambiciosa vino después, el Atlas Científico Gramatical pretendía relacionar la ortografía, morfología, fonética o sintaxis de la lengua española con la geografía del país. Ambos mapas estaban diseñados en impresión policolor y fueron admitidos por la RAE y el Ministerio de Educación.

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Desde 1945 hasta su jubilación, compaginó su labor como profesora en el Instituto Ibáñez Martín con las clases nocturnas que impartía de forma gratuita en la escuela obrera. También fundó su propia academia a la que puso el nombre de ELMACA, en honor a sus tres hijas Elena, Elvira y Maria del Carmen. Situada en su vivienda de la calle Real, tenía como objetivo la formación de aquellos jóvenes que habían perdido el trabajo tras la guerra.  Junto al capitán de artillería Ignacio Cabezón Leira, al que puso al frente de la gerencia, les preparaban para el acceso a oposiciones, a empresas emergentes de la zona o a exámenes de ingreso a escuelas superiores.

Su academia también era el lugar donde organizaba tertulias sobre temas muy diversos con todos los vecinos que querían participar. El rincón donde leía las cartas de los familiares que habían emigrado a América a aquellos que no sabían leer ni escribir. Durante Semana Santa, abría los balcones de la galería para que quienes quisieran pudiesen ver en primera fila las procesiones. En la intimidad de su domicilio, disfrutaba cocinando y cosiendo prendas y complementos para sus hijas. Cuando salía, le gustaba asistir a los coloquios que se organizaban en el Casino y que supusieron la entrada de la mujer en las actividades del centro. Pero, sobre todo, gozaba paseando por la naturaleza, adentrándose en el frío mar del norte desde las playas de Jorge o Cobas.

Siendo directora del Instituto Ibáñez Martín le surgió la idea de un libro mecánico que permitiese “aliviar el aprendizaje, con el mínimo esfuerzo conseguir los máximos resultados”. Pensó que podía conseguirse haciendo la formación más atractiva y adaptándola al nivel y dificultades de cada estudiante. Para ella,  el aprendizaje no consistía en memorizar y recitar una lección sino en razonar y pensar sus contenidos. Deseaba diseñar un libro más ligero que albergase diferentes asignaturas y que sirviese de soporte a los maestros para poder añadir sus propios materiales, quería construir una Enciclopedia Mecánica. La patente fue presentada el 7 de diciembre de 1949 bajo el título “Un procedimiento mecánico, eléctrico y a presión de aire para lectura de libros”. La descripción que la acompaña es la siguiente:

 “Abierta, consta de dos partes. En la de la izquierda lleva una serie de abecedarios automáticos, en todos los idiomas: con una ligerísima presión sobre un pulsador se presentan las letras que se deseen, formando palabras, frases, lección o tema y toda clase de escritos. En la parte superior de los abecedarios lleva a la derecha una bobina con toda clase de dibujo lineal, y en la de la izquierda otra con dibujo de adorno y figura. En la parte inferior de los abecedarios, un plástico para escribir, operar o dibujar. En la parte interior, un estuche para guardar asignaturas. En la parte de la derecha van las asignaturas, pasando por debajo de una lámina transparente e irrompible, pudiendo llevar la propiedad de aumentos, pueden ser estos libros luminosos e iluminados para poder leerlos sin luz. A la derecha e izquierda de la parte por donde pasan las materias lleva dos bobinas, donde se colocar los libros que se desee leer en cualquier idioma; por un movimiento de los misma van pasando todos los temas, haciendo las paradas que se quieran o queda recogido. Las bobinas son automáticas y puede desplazarse del estuche de la ENCICLOPEDIA y extenderse, quedando toda la asignatura a la vista; puede estar sobre una mesa (como los libros actuales) o perpendicular, facilitando comodidad al lector, evitando con ello gran número de esfuerzos intelectuales y físicos. Todas las piezas son recambiables. Cerrado, queda del tamaño de un libro corriente y de facilismo manejo. Para autores y editores el coste de sus obras se aminora considerablemente, por no necesitar ni pasta ni encuadernado y queda impresa de una tirada, o cada una de sus parte (si consta de varias), resultando este procedimiento un bien general.”

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Ángela estaba convencida de que su Enciclopedia Mecánica transformaría el aprendizaje y se mantuvo al corriente en los pagos por las anualidades de su patente hasta 1961. Pero, a pesar de los esfuerzos que hizo, no fue posible convertir la antigua enciclopedia escolar a la Enciclopedia Mecánica. Tras el fracaso, el  10 de abril de 1962, solicitó la nueva patente de invención que se convertiría en el formato definitivo: “aparto para lecturas y ejercicios diversos”. Contaba con un diseño ligeramente distinto al de la enciclopedia pero conservaba las prestaciones que Ángela creía imprescindibles. Se trataba de un libro portátil, ligero y de sencillo manejo que aunaba las distintas asignaturas y valía para alumnos con dificultades visuales.

Para esta patente se construyó un prototipo en el Parque de Artillería de Ferrol en diversos metales y madera. Tenía el tamaño de un libro de 24 por 22 centímetros de formato y un grosor de 6 centímetros. Su creadora lo paseó por certámenes y exposiciones. No estaba dispuesta a rendirse. Estaba segura de la innovación que representaría en pedagogía y didáctica. En una entrevista que le hicieron, a los 67 años,  en el Correo Gallego, habló de su invento en estos términos:

“Los libros mecánicos proporcionan muchísimas ventajas. El mío ha sido ideado para todos los idiomas y facilita grandemente el trabajo a profesores y alumnos. Responde al progreso del vivir actual y cumple las leyes de enseñanza general. Por su calidad de internacionalidad, facilita en el mundo el arte de enseñar a profesores, pedagogos, especialistas de la enseñanza… es atractiva y práctica. Se trata de una pedagogía ultramoderna. (…) Auxilia a la ciencia de la Enseñanza y creo que cumple los fines que me he puesto al idearlo”

La Enciclopedia Mecánica recibió premios, distinciones y elogios pero, a pesar de que Ángela peleó hasta el final por ver su sueño convertido en realidad, no despertó el interés necesario para su comercialización. Ni siquiera en los setenta logró que viera la luz una versión en plástico que hubiese estado al alcance de cualquier escolar. Ángela nunca pudo ver su invento en las manos de los niños.

El libro electrónico guarda muchas similitudes con la Enciclopedia Mecánica de Ángela Ruiz Robles pero todavía no cumple el fin para el que fue inventada esta última. Los principales destinatarios del invento eran los alumnos de primaria y secundaria, sin embargo, estos siguen cargando libros de texto de papel y, todavía no disponen de un ebook donde almacenar los contenidos de las diferentes asignaturas y cargar materiales creados por sus profesores.

Doña Angelita, que era como se la conocía en Ferrol, disfrutó enseñando a sus alumnos, a sus hijos y a sus nietos. Era maestra las 24 horas del día, todos los días, siempre. Lo fue hasta el 27 de octubre de 1975.

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BIBLIOGRAFÍA

Ángela Ruiz Robles, precursora de los libros electrónicos http://www.alpoma.net/tecob/?p=8603 vía @alpoma

“Ángela Ruiz Robles y la invención del libro mecánico”, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

“Ángela Ruiz Robles, la enciclopedia mecánica”. Programa Con Ciencia, La2, TVE. Disponible online: http://www.rtve.es/alacarta/videos/con-ciencia/ciencia-angela-ruiz-robles/2138256/

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ACME – La oportunidad de ser alumno de El Profe de Física

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Érase una vez un profesor titular de Física de la Universidad de Granada que puso toda su ilusión y esfuerzo en ofrecer, de forma gratuita y a todo aquel que desease aprender, un curso sobre cuatro temas que cree fundamentales: Anumerismo, Ciencia, Método y Escepticismo (ACME)

El nombre del intrépido Profesor es Arturo Quirantes y destaca, entre muchas otras cosas, por sus múltiples iniciativas docentes así como por la excelencia, cantidad y diversidad de su obra divulgativa.

El curso ACME, que dará comienzo el próximo 24 de abril a las 16:00 hora peninsular española (14:00 UTC), promete ser otro hito en su carrera docente-divulgadora. Te invito vivamente a que participes en él, a que aproveches la oportunidad de ser su alumno. La expresión que mejor define a Arturo Quirantes es “pasión por la ciencia” y ese es el componente imprescindible de todo  gran profesor.

A continuación, os dejo con este primer vídeo en el cual, el profe, explica las motivaciones que tuvo para llevar a cabo esta formación así como la dinámica de la misma. Por mi parte sólo me queda una cosa que decir: GRACIAS ARTURO

 

ENLACES DEL CURSO

Web del curso: http://elprofedefisica.es/acme.ht

Canal de YouTube: Canal ACME MOOC

Twitter: @acme_mooc

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Lise Meitner: una física que nunca perdió su humanidad

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El tren avanzaba dejando atrás su ciudad natal. Se sentía insegura. Sabía que en Viena sus oportunidades de seguir una carrera científica eran nulas pero en Prusia no se presentaban mejores. Los contratos que ofrecían a las mujeres en las universidades eran de segunda categoría y solían conllevar trabajos monótonos que no querían los hombres. Pero aún así, no estaba dispuesta a rendirse. En las clases de Boltzmann se enamoró de la física y estaba decidida a dedicarse a ella toda su vida. Necesitaba seguir aprendiendo y en Berlín se encontraba el padre de la física alemana, el gran físico teórico Max Planck.

Lise Meitner le solicitó asistir a sus clases y, Planck, reacio a la educación universitaria para las mujeres, se extrañó mucho de que contando ya con un doctorado aspirase todavía a más. Pero ella le transmitió su deseo de profundizar en su formación y Planck, impresionado con la resolución de su futura alumna, aceptó la petición. Después de Ludwig Boltzmann, sería el científico más influyente en el desarrollo intelectual de Lise. Planck se convirtió en seguida en una figura paternal para ella, en su mentor. La invitaba a las tardes musicales que organizaba en su casa y Lise, pese a no interpretar ningún instrumento, gozaba de la música y de la compañía de sus mejores amigas, las dos hijas de Planck. Durante las veladas, su profesor estaba al piano, Albert Einstein tocaba el violín y un joven radioquímico que había estudiado con Ernest Rutherford en Montreal, cantaba con voz de tenor.

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Se llamaba Otto Hahn, era apuesto y sociable, y no tardó en proponerle a Lise que se uniese a él en sus investigaciones sobre radiactividad. Creía que se requería un trabajo interdisciplinar entre el campo de la química y el de la física y Lise era la persona que andaba buscando. Ella, por su parte, todavía insegura en una ciudad que sentía ajena, reconoció en él a un amigo y a alguien que podía enseñarle muchas cosas sobre radiactividad. Quería iniciar esa colaboración pero antes tenía que hacer frente a otra dificultad derivada de su género. El instituto de química dirigido por Emil Fisher, donde Hahn hacía de asistente, no admitía mujeres. Por fortuna, Hahn logró llegar a un acuerdo con Fisher y concedieron a Lise que investigase en un local subterráneo que había sido una carpintería. No se parecía en nada a un laboratorio pero la física encajó el golpe estoicamente y se espabiló para dotarlo de los aparatos necesarios para llevar a cabo los experimentos que tenía en mente. El resultado fue satisfactorio ya que, pese a trabajar en unas condiciones tan primitivas, la pareja publicó en los dos años siguientes, nueve artículos sobre emisores de radiación beta. Durante ese tiempo Lise, al no recibir ninguna compensación económica por parte de la Universidad, sobrevivió como pudo con el poco dinero que le enviaban sus padres y lo que ganaba dando clases particulares. Afortunadamente, su situación cambió en 1911, cuando Planck volvió a entrar en escena y la contrató como asistente. Su trabajo era puramente administrativo pero con él se convirtió en la primera mujer que ganaba un sueldo en una universidad alemana.

Por fin, en 1912, Lise pudo abandonar su pseudolaboratorio para dar los primeros pasos en su carrera académica. En Dahlem, un suburbio de Berlín, se creó el Instituto de Química Kaiser Wilhelm, y la nombraron “física invitada”.  Junto a Hahn, que ocupaba un puesto de científico asociado, iniciaron la búsqueda de un elemento radiactivo de  vida media larga, que creían predecesor del actinio. Por desgracia, el trabajo se vió interrumpido con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Hahn tuvo que ir al frente y Lise ejerció como enfermera de rayos X en un hospital de la frontera austriaca. En 1917, el químico le pidió que volviese al Instituto y ella tuvo que requerir la ayuda y la influencia de Planck para que se lo permitiesen. Allí dispuso por primera vez de su propio laboratorio y pudo seguir con el estudio del nuevo elemento radiactivo. En otoño del mismo año ya tenía la prueba de su existencia y el nombre que le pondría: protactinio. Lise y Hahn publicaron su descubrimiento en la revista Physikalische Zeitschrift con el título de “El elemento predecesor del actinio, un nuevo elemento radiactivo de una vida media muy larga” y la física lo presentó en reuniones y conferencias ante los científicos berlineses que no habían sido movilizados. En 1920, Lise ya era catedrática de Física Nuclear Experimental en el Instituto y formó parte del grupo de científicos destacados que se reunieron con Niels Bohr en su visita a Berlín.

Otto Hahn y Lise Meitner

Otto Hahn y Lise Meitner

En los años 30 del siglo XX, la física nuclear estaba en plena ebullición. El neutrón, descubierto por Chadwick en 1932, resultó un gran aliado para conocer mejor el núcleo atómico y en 1934, Enrico Fermi y su grupo se dedicaron a irradiar con neutrones todos los elementos para estudiar las reacciones nucleares que tenían lugar y las sustancias radiactivas que se producían. Como resultado observaron que en ninguna de las reacciones inducidas el núcleo sufría grandes modificaciones. Esto era consecuente con lo que se creía hasta entonces sobre el núcleo, que incluso en los elementos radiactivos, gozaba de bastante estabilidad. Los neutrones parecían unas partículas demasiado insignificantes para alterarlo de forma notoria. También encontraron que en los núcleos pesados siempre se daba una reacción de captura neutrónica seguida de una desintegración beta. Al absorberse el neutrón, el número atómico del elemento resultante de la desintegración aumentaba y Fermi se planteó qué pasaría si se irradiaba Uranio, que era el elemento químico de número atómico más alto conocido, el 92. En principio, en base a los resultados experimentales obtenidos hasta entonces, parecía lógico pensar que podría crearse un elemento de mayor número atómico, un transuránido. Sin embargo, cuando Fermi bombardeó el uranio y con­siguió que absorbiera un neutrón, no encontró el supuesto ele­mento 93. Nadie sabía descifrar lo que ocurría.

Por esas fechas, Lise fue invitada a pronunciar una conferencia en un acto de celebración del centenario del nacimiento de Mendeleiev (1834-1907) y a su regreso se decidió a desentrañar el misterio de los transuránidos. Para ello, solicitó la colaboración del mejor radioquímico que conocía, su amigo Otto Hahn y, poco después, ambos contactaron con Fritz Strassmann. En su búsqueda de los transuránidos partieron de dos asunciones erróneas, una física y otra química, que llevaron la investigación a la oscuridad durante muchos años. La física, que partía de las observaciones de Fermi, suponía que los cambios producidos en el núcleo siempre serían pequeños y la química consistía en considerar los transuránicos como elementos de transición. Recodemos que en los años veinte y treinta del siglo XX se creía que el propio Uranio era un elemento de transición.

Sin embargo, cabe destacar que, mientras muchos científicos andaban perdidos, la doctora en química Ida Noddack, contraria a las teorías de Fermi, sugirió en su artículo “Sobre el elemento 93″ la posibilidad de que “el núcleo se rompa en varios fragmentos grandes que serían, por supuesto, isótopos de elementos conocidos pero no serían vecinos del elemento irradiado”. De este modo presagió la fisión nuclear aunque al no ofrecer ninguna base teórica que justificase su hipótesis, esta no fue tenida en cuenta. Su planteamiento suponía un verdadero desafío para lo que se pensaba en aquel momento.

Fritz Strassmann

Fritz Strassmann

Paralelamente, en 1933, Adolf Hitler subió al poder y se inició la persecución de los judíos. Lise, en un principio, no fue repudiada, pese a su origen judío, gracias a su nacionalidad austriaca pero se le retiró el título y el privilegio de enseñar en la universidad. Sólo pudo permanecer en el Instituto Kaiser porque este no era una institución pública. Algunos amigos como Niels Bohr le ofrecieron trabajo y refugio fuera de Alemania pero Lise siguió trabajando en su laboratorio hasta que la situación fue insostenible. Durante aquel tiempo Planck, Heisenberg y von Laue la nominaron junto a Hahn para el Premio Nobel por su trabajo pionero en radioquímica. Tenían la esperanza de que la obtención del premio, facilitase la legitimación de su posición de investigadora en el Instituto y garantizase su permanencia en él. Pero en Alemania la situación cada vez era más peligrosa, la echaron del Instituto y, tras la invasión de Austria, Lise se vio obligada a huir sin pasaporte, con unos pocos vestidos en la maleta y sin apenas dinero. Pasó la noche antes de partir en casa de los Hahn y Otto le dio el anillo de diamantes de su madre por si surgía alguna emergencia. Sus colegas sabían que su exilio sería duro, que a pesar de su prestigio como física nuclear, sería difícil encontrar un lugar adecuado donde pudiese trabajar. Lise había perdido su pensión al abandonar Alemania y sus amigos, los físicos Dirk Coster y Adriaan Fokker, removieron cielo y tierra para solventar su falta de recursos. A través de una colecta, recaudaron  suficiente dinero para que pudiese vivir durante un año pero, al final, su esfuerzo no fue necesario. Lise recibió dos ofertas, una de Holanda y otra de Suecia, y optó por la del Instituto de Física de Estocolmo que dirigía Siegbahn. Resultó una elección desafortunada ya que SiegbahJ, que había ganado el Premio Nobel por su trabajo en espectrometría de rayos X, siendo más joven que Lise, la consideraba anticuada y le prohibió dar clases. A sus sesenta años y una brillante carrera a sus espaldas, le pagaba un sueldo de asistente recién llegada. Esto, sumado al hecho de que el banco de Berlin había cancelado su cuenta, volvía a colocarla en una posición económica delicada. Sentía de nuevo el desasosiego que le había invadido en sus primeros tiempos en Berlín. Lo único que la ayudaba a soportar una situación tan desagradable eran los mensajes de aliento de buenos amigos como Niels Bohr y la fluída correspondencia que mantenía con Otto y Fritz. Las cartas le permitían estar al corriente de la evolución de las investigaciones.

Supo que ambos, al analizar los elementos resultantes del bombardeo de uranio, habían obtenido un producto que se comportaba igual que el bario. En un inicio, pensaron que se trataba de radio, y así se lo comunicó Otto a Lise cuando se reunió en secreto con ella en Copenaguen, en noviembre de 1938. En ese encuentro, documentado en el diario de Hahn, Lise le instó a verificar con urgencia y más cuidadosamente que se trataba de radio puesto que no le parecía posible. Tras el experimento sugerido por Lise,  Hahn se dio cuenta de que lo que obtenía en realidad era bario y escribió a Lise para comunicarle los resultados y pedirle que resolviese el misterio. Lise le respondió que la única explicación que había era que el núcleo se hubiese partido. Otto tomó las palabras de Lise y las añadió al artículo que publicaría con Strassman el 6 de enero de 1939 en Naturwissenschaften. En él no incluyó el nombre de la física por miedo a que descubriesen que había seguido colaborando con una disidente judía.

Lise, por su parte, después de escribir a Hahn, se quedó ensimismada sin poder pensar en nada más y decidió salir a dar un paseo para reflexionar. Su sobrino Otto Frish, que trabajaba en el Instituto de Bohr y había viajado a Suecia para pasar las fiestas navideñas con su tía, quiso acompañarla.

Lise caminaba con paso acelerado a través del bosque nevado mientras Frish avanzaba a su lado con los esquíes en silencio. Al rato, Lise se detuvo y le miró con las mejillas encendidas. Le pidió que se sentasen en un tronco y sacó un pedazo de papel donde poder garabatear.  La clave era el modelo de núcleo atómico de Bohr y Gamow. Ambos habían comparado el núcleo con una gota de agua y, al igual que esta no se partía a trozos, tampoco lo hacía el núcleo. Al romperse la tensión superficial, el núcleo de uranio se había escindido en dos partes, que se separaron al contar con cargas eléctricas del mismo signo. Sólo faltaba encontrar el origen de la inmensa energía a la que habían salido precipitados los fragmentos positivos de la reacción, diez veces superior a la observada anteriormente en un proceso nuclear. Lise pensó que podía provenir de la diferencia de masa entre el uranio inicial y las partes resultantes. Como recordaba de memoria las masas de todos los elementos implicados, hizo los cálculos sobre el papel obteniendo una diferencia igual a de 1/5 de la masa del protón que, a través de la ecuación de Einstein “E=mc2”, equivalía a una energía de 200 MeV, coincidente con la energía liberada en la reacción. No podía ser casualidad, todo encajaba.

Otto Frish por Lotte Meitner-Graf

Otto Frish por Lotte Meitner-Graf

Con los resultados en mano, Otto Frish corrió a ver a Bohr que estaba a punto de partir hacia EEUU. Bastaron pocas palabras para que Bohr se diese cuenta de la grandeza del descubrimiento. Les preguntó si ya habían escrito el artículo y, tras la negativa de Frish, prometió no hablar del tema hasta que lo publicasen.

Meitner y Frish redactaron el artículo que aportaba la base teórica del proceso al que decidieron nombrar “fisión nuclear” a semejanza del término que empleaban los biólogos cuando la célula se se dividía en dos, y lo publicaron en la revista Nature el 13 de enero de 1939. Otto Hahn, por su parte, contruyó lo que se convertiría en la historia oficial de los hechos durante treinta años. Aseguró que se trataba de un descubrimiento químico, hecho por químicos en el  Instituto de química Kaiser Wilhelm. Probablemente esta es la razón por la que le concedieron un Premio Nobel de química en 1944 al químico del proyecto, el propio Otto.

Descubierta la fisión y la energía que generaba, surgió con fuerza la posibilidad de diseñar una bomba de fisión de uranio. Ambos bandos enfrentados en la Segunda Guerra Mundial iniciaron una carrera por conseguirlo. Lise rechazó la invitación a unirse al Proyecto Manhattan creado por el bando aliado. Fue la única física nuclear en hacerlo. Servir en Los Álamos hubiese significado escapar de Estocolmo y trabajar de nuevo con sus colegas y amigos pero ella dejó claro, en cuanto se lo pidieron, que no quería saber nada de bombas. Se oponía absolutamente a las armas nucleares y, el día después de que la bomba cayese sobre Hiroshima, abogó  por el uso de la energía nuclear para fines no bélicos. Urgió a los científicos a tener en cuenta las consecuencias morales de sus descubrimientos y pasó  los años de posguerra viajando, dando lecciones y abogando por el control de armas y la igualdad de participación de las mujeres en la ciencia.

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Sin embargo, para los países aliados, especialmente en Gran Bretaña y Estados Unidos, Lise fue vista como una espía y una heroína de guerra. En la primera página del New York Times aparecía convertida en una mujer judía y luchadora que había ocultado el secreto de la fisión nuclear a los nazis para llevarlo a América. Llegaron a nombrarla “madre judía de la bomba”, término que no podía ser más desafortunado. Para empezar, nadie escondió ningún descubrimiento puesto que este fue publicado en abierto en la literatura científica nueve meses antes de que empezase la guerra en Europa. Los  alemanes lo conocían perfectamente y sus militares empezaron a investigar en la fisión nuclear bastante antes de que lo hiciesen los aliados. Aparte, Lise, si bien era de origen judío, había sido bautizada protestante y, como hemos visto, se negó a participar en el diseño de la bomba. Pero ello no impidió que al ser invitada a Estados Unidos para dar clase durante un semestre como profesora visitante en la Universidad católica americana en Washington DC. la recibiesen con todos los honores. Era una estrella y, como tal, le propusieron participar en una película sobre su vida. A Lise le pareció un disparate y se limitó a responder con un: Antes de cooperar soy capaz de caminar desnuda por Broadway”.  

Mientras tanto, en Estocolmo, sus condiciones profesionales mejoraron notablemente al obtener una cátedra en la Comisión Sueca de la Energía Atómica en el Real Instituto de Tecnología. Su último trabajo, publicado en 1950, versó en torno al modelo de capas del núcleo atómico, un modelo alternativo al de Bohr, de gota de agua, que tan útil le había sido.

En 1960, se trasladó a Cambridge para estar cerca de su sobrino que era profesor en la universidad. Murió allí el 27 de octubre de 1968 y fue enterrada, conforme a sus deseos, en Bramley junto a su hermano Walter. Sobre su lápida, aparece la inscripción que compuso Otto, las palabras que mejor la describen: Lise Meitner: una física que nunca perdió su humanidad”.

Esta entrada participa en la edición LX (marzo-abril de 2015) del Carnaval de la Física cuyo blog anfitrión es ::ZTFNews y el tema propuesto Mujeres en la Física.

La nueva sección de La Buhardilla 2.0, “Personas con papeles” se estrenó con un texto mío sobre esta gran física. Ni decir tiene que fue todo un honor. Podéis disfrutar del audio en este enlace.

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Ciencias Para Normales (@CCsParaNormales) – Humor y ciencia en las ondas

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Descubrí el podcast Ciencias Para Normales en su tercer programa, gracias a la recomendación de Pa ciència, la nostra, y enseguida me atrapó. Tal y como reza su descripción, se trata de un podcast sobre ciencia para personas normales y con sentido del humor. Y es así. Es un podcast divertido y ameno que logra conectar con toda clase de oyente. Y eso es extremadamente difícil. Demasiado a menudo se cree que dirigirse al gran público consiste únicamente en rebajar la dificultad de los contenidos y eso no es así. Sólo consiguen que les escuchen personas que no están interesadas por la ciencia aquellos divulgadores que tienen un talento especial y sienten aprecio sincero por sus oyentes. Aquellos que se expresan con naturalidad, con simpatía, que deseas que sean tus colegas.

En el caso de Ciencias Para Normales, los poseedores de tales encantos son Pere García y Juan Carlos García, vecinos y residentes en el Departamento de Ingeniería Química de la Universidad de Alicante (confieso que lo de residentes me preocupa un poco). Acercan la ciencia con rigor y sencillez, son de esos programas necesarios para la divulgación de la ciencia y estoy segura de que llegarán muy lejos.

Y yo me sentiré muy orgullosa porque los tengo apadrinados. Sí, Pere y Juan Carlos, en su sexto programa me hicieron el honor de nombrarme madrina del podcast. Me hizo tanta ilusión que, como estamos en Semana Santa, les mandé una Mona de Pasqua…

… que, al parecer, no llegó a su destino. Tal y como he podido escuchar en el séptimo programa, la Mona que han recibido no es exactamente de chocolate…

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Como son muy agradecidos y está muy feo devolver un regalo, han decidido quedársela como colaboradora. Pero necesitan llamarla de alguna manera y cuentan con vosotros para esta tarea.

Así que poned a trabajar las neuronas y mandad vuestras sugerencias a su correo cienciaspara.normales@gmail.com o al tuiter @CCsParaNormales.

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