Trilogía de las Auroras Polares (III): Las Teorías

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Sir Edmund Halley, en 1716, contempló la aurora más bella del siglo XVIII. Su descripción se considera el primer hallazgo científico y continúa siendo válida hoy en día: “los rayos aurorales son debidos a las partículas, que son afectadas por el campo magnético; los rayos son paralelos al campo magnético de la tierra y la forma semejante a una bóveda es debida a los fenómenos de perspectiva”.

Otra teoría de esa época  proponía que la creación de las auroras se debía a la erupción de un gas proveniente del suelo que al tiempo podía causar terremotos. Por tanto, la presencia del fenómeno auroral, en este caso, era muy beneficioso puesto que disminuía la cantidad de “gas de terremotos” y con ello, el número e intensidad de los mismos.  En 1733, el científico francés Mairan publicó un extenso tratado sobre la Aurora boreal en el que implicaba la reflexión de la luz proveniente de los cristales de hielo en el aire de las regiones polares. Entre la multitud de teorías de aquel entonces, las más comunes otorgaban el papel clave del proceso a un gas ardiente.

En 1741, el físico y astrónomo sueco Anders Celsius, junto a su asistente Peter Hjorter aportaron el segundo hallazgo científico sobre las luces del norte al observar que la actividad magnética y la aurora boreal estaban conectadas. El tercero vino de la mano del químico y físico Henry Cavendish que, en 1790, obtuvo un resultado casi correcto en el cálculo de la altitud de la aurora. Sin embargo, su valor no fue determinante en la evolución del conocimiento sobre dicho parámetro puesto que,  cien años más tarde,  todavía había investigadores con una idea totalmente equivocada de la altitud de la aurora. En Rusia, la investigación fue iniciada por Mikhail Vasilievich Lomonosov, la principal figura de las letras y las ciencias rusas del siglo XVIII. Este creyó que la aurora se producía en el norte por la existencia de un mar sin congelar en algún lugar del océano Ártico y dedicó su vida a la búsqueda del mismo.

Durante el siglo XIX se determinó con mayor precisión la distribución de la frecuencia de las auroras y gracias a la observación de 1859, la relación entre las erupciones solares y la ocurrencia del suceso.  Pero nadie fue capaz de explicar el origen de la emisión de luz hasta que el sueco Ångström mostró pruebas válidas de que dicha emisión se debía a un gas. La era de la investigación sistemática comenzó durante los años 1882-83 con la organización del primer Año Polar Internacional, en el que se hicieron mediciones simultáneas en diferentes localizaciones cerca de la región polar. Sin embargo, antes de comenzar el año Polar, el danés Sophus Tromholt, publicó una descripción precisa del comportamiento global de la Aurora boreal y poco después, el sueco Carlheim – Gyllensköld proporcionó otra similar.

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Los secretos de la Aurora fueron revelados a principios del siglo XX por los profesores noruegos Kristian Birkeland y Carl Störmer. El primero afirmaba que la Aurora boreal está asociada a un gran sistema de corrientes eléctricas que cubría todo el espacio cercano a la tierra y se desplazaban en las regiones aurorales tanto horizontalmente como verticalmente a lo largo de las líneas del campo magnético. Las corrientes eléctricas paralelas al campo magnético se conocen como corrientes Birkeland y fueron medidas en la década de 1970. En cuanto a Störmer, ya en 1907, fue capaz de calcular las trayectorias de las partículas cargadas. Sin embargo, no fue hasta el año Geofísico Internacional, que las mediciones por satélite otorgaron a su trabajo la relevancia que merecía y pusieron de manifiesto la complejidad del acontecimiento. Corresponde ahora tratar su verdadera naturaleza.

En la formación de las auroras polares intervienen tres actores esenciales:

1. El viento solar

2. Los campos magnéticos, terrestre e interplanetario

3. Los cinturones de radiación

Estos tres personajes interpretan el amplio repertorio de auroras y determinan sus características y variantes.

El viento solar

La Tierra está constantemente inmersa en el llamado viento solar, que consiste en un plasma (gas caliente de electrones e iones positivos) que emite el Sol en todas direcciones. Tiene su origen en la capa más externa del sol, la corona solar, que se halla a una temperatura de alrededor de un millón de kelvin. En estas condiciones, la energía térmica es capaz de arrancar los electrones de sus respectivos átomos y generar el plasma. Debido a la abundancia de hidrógeno, se compone fundamentalmente de protones y electrones libres con una densidad de alrededor de 5 iones/cm3 y unas energías comprendidas entre 1,5 y 10 keV.  El viento solar alcanza la Tierra a una velocidad cercana a los 400 km/s, aunque esta velocidad puede ser mucho mayor en las llamaradas solares o las eyecciones de masa coronal, en las que llega más allá de la órbita de Plutón.

Campos magnéticos. La magnetosfera

En 1600, William Gilbert (http://naukas.com/2014/05/27/william-gilbert-un-hombre-con-magnetismo/) descubrió que el campo magnético de la tierra era semejante al de un imán dipolar (barra imantada) cuyas líneas de campo forman bucles simétricos respecto al eje magnético terrestre partiendo del polo sur (norte magnético) y entrando por el polo norte (sur magnético).

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Durante un largo tiempo se mantuvo este modelo y se perfeccionó incluyendo la deriva de los polos magnéticos respecto a los geográficos. Todo parecía cuadrar estupendamente sin la inclusión del viento solar, cuya presencia cambió de forma drástica el escenario.

Compuesto por partículas dotadas de carga eléctrica, el viento solar es altamente conductor y ello conlleva dos consecuencias fundamentales en la distribución espacial de los campos magnéticos presentes. En primer lugar, las cargas eléctricas en movimiento extienden el campo magnético del sol hasta los confines del sistema solar formando lo que se conoce como campo magnético interplanetario (IMF, en inglés). En segundo lugar, se produce un efecto de apantallamiento por parte del campo magnético terrestre, que representa un obstáculo para el libre paso del viento. Así, a una distancia media de 70000 km (11 veces el radio terrestre), el viento solar se separa formando un arco de choque que comprime el campo magnético terrestre por el lado del sol. En el lado opuesto, el campo queda confinado en una forma troncocónica con una larga cola que se extiende hasta más allá de 6000000 km (1000 radios terrestres).

La región donde queda confinado el campo magnético terrestre por la interacción del viento solar recibe el nombre de magnetosfera y la frontera entre ambos se denomina magnetopausa. La magnetosfera contiene gran cantidad de tenues plasmas, de diferentes densidades y temperaturas, cuyo origen es el viento solar y la ionosfera.

Los trabajos de Joan Feynman fueron fundamentales para dilucidar la forma de la magnetosfera a partir de las mediciones tomadas por una nave espacial lanzada para vigilar el cumplimiento del  tratado de prohibición de ensayos nucleares.

Esquema de un corte transversal de la magnetosfera

Esquema de un corte transversal de la magnetosfera

Detalle de la magnetosfera y sus regiones

Detalle de la magnetosfera y sus regiones

En 1961, el físico británico James W. Dungey sugirió que el campo magnético interplanetario podría unirse con las líneas del campo magnético terrestre que parten de los polos, y que este fenómeno -al que denominó reconexión magnética- se produciría con mayor facilidad cuando el campo magnético del viento solar está orientado hacia el sur, o sea, antiparalelo al campo geomagnético. El también físico británico Christopher Thomas Russell (1943, -), que lideró los experimentos sobre campos magnéticos del satélite Polar GGS de la NASA y mapeó la magnetosfera, demostró que la reconexión era un proceso inestable. Observó que las líneas de campo forman “cuerdas” y “paquetes” que, con el tiempo, se van separando de la magnetosfera y son arrastrados hacia el interior de la cola, aunque el campo magnético interplanetario permanezca constantemente orientado hacia el sur.

Cuando las partículas ionizadas del viento solar discurren por la magnetopausa (contorno de la magnetosfera) atraviesan líneas de campo reconectadas y son desviadas en direcciones opuestas según sea su polaridad, creando una corriente eléctrica. La magnetopausa, por tanto, es un gigantesco generador (denominado “generador auroral”) que convierte la energía cinética de las partículas del viento solar en energía eléctrica con una potencia calculada de más de 1 TW (1 millón de MW). A título comparativo puede decirse que es la potencia típica que pueden proporcionar 1000 centrales nucleares.

El movimiento del plasma se rige por las leyes clásicas del electromagnetismo, de modo que los iones positivos viajan hacia el lado del amanecer del plano ecuatorial de la magnetopausa en tanto que los negativos se dirigen hacia el lado del anochecer, creando así dos polos eléctricos, positivo y negativo respectivamente. Aparte del movimiento perpendicular al campo magnético terrestre, algunos electrones del plasma contenido en la magnetosfera viajan a lo largo de las líneas del campo magnético, guiadas como las cuentas de un collar, y girando al mismo tiempo alrededor de la línea. El movimiento resultante es una trayectoria helicoidal sobre las líneas de campo.

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Por tanto, parece que las partículas deberían introducirse en la atmosfera terrestre y acabarían chocando con algún átomo, al que cederían toda o parte de su energía cinética, tal como se aprecia en la figura.

Reflexión y corrientes alineadas con el campo

A medida que las partículas se acercan a la Tierra siguiendo las líneas de campo, la intensidad del mismo va creciendo por influencia directa del magnetismo terrestre que tiene un valor típico de 30 a 50 mT cerca de la superficie, mucho más fuerte que el interplanetario que es del orden de sólo 2 a 5 nT. Por ello, la pendiente del movimiento helicoidal de los electrones tiende a incrementarse a medida  que se aproximan y acaban siendo reflejados. Esta reflexión explica también la existencia de anillos toroidales, fuertemente ionizados, conocidos como Cinturones de van Allen, en honor del físico que los descubrió, y consisten en un una gran cantidad de iones atrapados que se mueven en espiral entre los polos magnéticos del planeta.

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Este proceso genera las corrientes alineadas con el campo -también conocidas como corrientes de Birkeland, quien predijo su existencia en 1908- que conectan la magnetopausa con la ionosfera mediante partículas cargadas que se mueven dentro de la región de plasma, siguiendo las líneas de campo. Las partículas, básicamente electrones, fluyen de modo que la corriente circula en dirección este por el lado naciente de la ionosfera terrestre, rodea las regiones polares y sale hacia el espacio por el lado de poniente de la ionosfera (ver figura). Obviamente, dado que la carga de los electrones es negativa y debido a la convención de signos, el movimiento real de los electrones es justamente el inverso del descrito.

La intensidad de estas corrientes alcanza el millón de amperios. Hay también unas corrientes secundarias que producen auroras en el lado del amanecer. En realidad se dan procesos de notable complejidad que escapan del alcance de esta entrada. Las palabras del Dr. Carl-Gunne Fälthammar escritas en 1986 dan idea de las dificultades: «Una razón por la cual las corrientes de Birkeland son especialmente interesantes es que, en el plasma que las transporta, producen varios procesos físicos como ondas, inestabilidades y formación de estructura fina. Estos a su vez producen la aceleración de partículas cargadas, tanto positivas como negativas, y la separación de elementos (tal como la eyección preferencial de iones de oxígeno). Ambas clases de fenómenos poseen una importancia astrofísica que va más mucho más allá de la comprensión del espacio inmediato que rodea al planeta Tierra».

Esquema de las corrientes alineadas con el campo y los sistemas de corrientes que interconectan en la ionosfera.

Esquema de las corrientes alineadas con el campo y los sistemas de corrientes que interconectan en la ionosfera.

Generación de las auroras

Las luces de la aurora se generan cuando los haces de electrones, fuertemente acelerados por los campos electromagnéticos presentes, impactan con átomos de la atmósfera. Al chocar, las partículas les transmiten parte de su energía cinética, excitándolos o ionizándolos. Al volver a su estado fundamental, el exceso de energía se convierte en radiación electromagnética. A su vez, las partículas siguen viajando y chocando con más átomos y, a medida que se mueven hacia la Tierra, la atmósfera es más y más densa con lo que aumenta la frecuencia de las colisiones y cada vez se mueven más lentamente. Cuando ya ha perdido gran parte de su energía cinética, lo que ocurre cuando llega a una altura de unos 100 km, ya no es capaz de excitar más átomos y cesa la emisión electromagnética.

Esta radiación presenta un amplio espectro de frecuencias, que va del infrarrojo al ultravioleta lejano, aunque obviamente solo resulta visible el rango de colores que percibe el ojo humano.  En el caso de las emisiones ultravioletas, únicamente son detectables desde satélites debido a la absorción de estas longitudes de onda por parte de la atmósfera terrestre, pero las imágenes tomadas por el Viking demuestran una gran actividad UV en el lado iluminado por el sol, a veces superior a la del lado oscuro.

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Formas y colores

Las auroras presentan muchas formas diferentes, tanto que puede decirse que no hay dos iguales. No obstante existen características que se repiten dando lugar a ciertos patrones.

Las auroras más comunes no son fáciles de describir, ya que carecen de forma. Son las que se manifiestan como un tenue resplandor a través del cielo de color verde, rojo o púrpura.

Las que puede verse corrientemente tienen forma de un arco, de bordes borrosos, que se extiende a través del cielo en dirección este-oeste. Con frecuencia el arco está formado por cintas de color blanco verdoso o verde y si se observa detenidamente se puede ver que estas cintas están compuestas por muchos rayos paralelos que siguen la dirección del campo magnético terrestre. En las auroras activas, estos rayos cambian de brillo como las llamas de una hoguera. La longitud del arco es del orden de 1000 o más kilómetros, pero su ancho puede ser de solo unos centenares de metros. La altura es de unos 100 km. Otras auroras son rojas, incluso de un rojo brillante y se encuentran a unos 200 km de altura.

El observador que está en pie directamente debajo de la aurora puede ver una corona  y, debido al efecto de perspectiva, tiene la impresión de que todos los rayos parten de un mismo punto como los rayos de sol cuando está detrás de una nube. Si se desplaza hacia el norte o el sur, cambia el efecto de perspectiva y la misma aurora aparece como un arco.

Los efectos más espectaculares ocurren durante las llamadas subtormentas aurorales descubiertas durante el año geofísico internacional de 1957-1958. Su origen son perturbaciones locales del campo magnético, denominadas tormentas magnéticas o magnetosféricas que se producen varias veces al día y duran entre 10 y 30 minutos. El primer indicio de una subtormenta es el repentino incremento del brillo de una aurora en forma de cortina, que se produce entre el atardecer hasta la media noche. El brillo se va extendiendo rápidamente a lo largo de la cortina, que comienza a moverse hacia el polo en el sector de medianoche a una velocidad de cientos de metros por segundo, dando lugar a una estructura combada. En los límites de la comba empiezan a aparecer movimientos ondulantes que se transmiten por la cortina y, cuando ésta llega a mitad de su camino alrededor del polo, en el sector del amanecer, la cortina se rompe en muchos fragmentos.

Durante las subtormentas, todo el cielo se llena de formas y colores fantásticos, que cambian rápidamente y ofrecen un espectáculo inolvidable. La fase más intensa dura normalmente unos diez minutos. Otro tipo relacionado con las subtormentas magnetosféricas es el de las auroras pulsantes, que acostumbran a producirse después de la medianoche. Aparece en el cielo un conjunto de débiles manchas de luz que se encienden y apagan independientemente durante unos pocos segundos, con diferentes velocidades. El efecto aleatorio es como una danza de brillos y oscuridades.

Aunque, como ya hemos señalado, el espectro de emisión de las auroras se extiende desde el infrarrojo hasta el ultravioleta, dentro del espectro visible los colores que más frecuentemente presentan las luces del norte son: verde (el más habitual), rojo (muy raro), púrpura y azul. Estos colores corresponden a los espectros de emisión de los gases presentes en la atmósfera y a mezclas entre ellos. Los colores se generan a diferentes alturas, al variar la composición de la atmosfera y la energía de las partículas incidentes.

Por orden decreciente de alturas (aproximadas) se tiene:

Más de 250 km:    Rojo. Oxígeno. 630 nm

200 km:    Verde. Oxígeno atómico. 558 nm

100 km:    Púrpura/Violeta. Nitrógeno. 428 nm

100 km:    Rojo. Nitrógeno. 600 – 700 nm

Espectros O-N

La emisión de luz verde por átomos de oxígeno excitados tiene una característica inusual. La mayoría de moléculas o átomos excitados vuelven a su estado fundamental, con la emisión de un fotón, en un tiempo muy breve, del orden de microsegundos o menos. Por el contrario, el oxígeno, comparativamente, toma un tiempo enorme. Cuando el fotón emitido es verde, la caída al estado fundamental se produce después de 0,75 s mientras que cuando es rojo tarda cerca de 2 minutos. Si durante este tiempo el átomo excitado choca con otro átomo de la atmosfera, le transmite su exceso de energía y no se emite ningún fotón.  Esto explica que la luz roja aparezca sólo en la parte superior de la aurora, donde la atmosfera está muy enrarecida, y porqué son tan raras las auroras rojas, que precisan una gran cantidad de energía procedente de algún fenómeno solar extraordinario.

Por  debajo de los 100 km, incluso el verde queda bloqueado por la abundancia de choques y se observa un borde inferior púrpura correspondiente a las emisiones azul/roja del nitrógeno.

Con la explicación sobre el carácter más visual de las auroras, sobre el colorido y formas que presentan, cerramos esta trilogía (entradas I y II) sobre uno de los fenómenos más bellos y excitantes de la geofísica que aún no está resuelto por completo. La resolución de sus secretos es un reto abierto.

Quiero agradecer a Paco Bellido (@ElbesoenlaLuna) que me haya permitido ilustrar la trilogía con sus fotografías. Ha sido un verdadero honor. Para poder disfrutar de su obra no dejéis de visitar sus blogs El beso de la luna y Cuaderno de viaje.

Los artículos de “Trilogía de las Auroras Polares: Las Crónicas (I), Las Leyendas (II) y Las Teorías (III)” han sido galardonados con el Premio “It´s Science Bitches” de Emilio Capitel

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Röntgen, el verdadero X-Men, en La Buhardilla 2.0

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El sábado pasado, no sólo tuve el honor de cocinar un segundo platito del día para La Buhardilla 2.0 (@buhardilla) sino que, además, pude hacerlo en los estudios centrales de Sevilla Web Radio en el Centro Comercial Zona Este.

Como lectores del blog ya sabéis cuánto admiro el programa y podéis imaginar la ilusión que me hizo colaborar con a Abraham, Kike y Javi (Álvaro estaba sufriendo en la playa)  en el lugar donde se registran los Pogramas, que nunca me pierdo, en su etapa radiofónica. Ya había tenido la suerte de participar con ellos en vivo y en directo en el Pograma 100 pero, como evento especial que era, se grabó en otro lugar.

En esta ocasión, me atreví a aportar una noticia en la sección “Al lavabo con Punset” sobre Láserman (que se esconde tras la personalidad de Álvaro Peralta @ribap) y su nuevo láser de petavatios, VEGA.

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El platito del día fue sobre el único y verdadero X-Men: Wilhelm Conrad Röntgen, un científico admirable en todos los sentidos. Me gustó prepararlo pero me gustó muchísimo más verlo sazonado con los comentarios buhardilleros. Sé que mi opinión no es objetiva pero os recomiendo, de corazón, que lo escuchéis. Estoy segura de que pasaréis un buen rato. Si, a parte, tenéis interés en consultar la información que di, un poco más ampliada, podéis leer la entrada del blog Llámalo X.

En el blog de La Buhardilla 2.0 está el audio para que podáis escucharlo y descargarlo.

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Trilogía de las Auroras Polares (II): Las Leyendas

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La complejidad del fenómeno de las auroras polares es tal que su origen aún se desconocía cuando tuvo lugar la revolución cuántica y relativista. Su interpretación ha variado en las diferentes épocas, fuertemente condicionada por el contexto histórico, cultural y religioso. Existe un gran surtido de explicaciones variopintas e imaginativas, la mayoría de las cuales pertenecen a los países nórdicos que son las zonas habitadas donde el proceso se produce con mayor frecuencia. En este post viajaremos a través de ellas.

En el libro “Kongespeilet” del siglo XIII, figuran tres antiguas interpretaciones nórdicas a las que se llegó, cuando creían que la tierra era plana y estaba rodeada de océanos. Una de ellas suponía que dichos océanos, estaban flanqueados por llamas cuyo reflejo se contemplaba en el cielo. La segunda daba protagonismo al Sol que lanzaba sus rayos hacia lo alto, cuando se encontraba debajo del borde de la placa de la Tierra. Finalmente, la tercera, corría a cargo de los glaciares, que absorbían tanta energía que empezaban a brillar.

En documentos conservados en Närke y otros puntos de Noruega, aparece el antiguo nombre que se daba a la aurora en sueco, silllixt (relámpago de arenque), que describía la creencia de que las luces se formaban por el reflejo de grandes bancos de arenques.  Pero no es la única explicación que figura en estos textos. Se dice también que la aurora podía proceder de la luz de las antorchas que sujetaban los lapones cuando buscaban los renos en las montañas. Por su parte, el nombre finlandés, revontulet (zorro de fuego) se debe a la leyenda según la cual había zorros de fuego en Laponia cuyo pelaje emitía chispas al correr hacia las montañas. En otras versiones, sin embargo, consideraban que el juego de colores era provocado por el reflejo de la luna en los copos de nieve que barría la cola del animal.

Y las explicaciones con animales continúan. En Småland, se pensaba que los cisnes competían por volar más y más lejos hacia el norte y los que lo lograban, quedaban congelados en el cielo. La aurora se formaba cuando aleteaban para liberarse. En Estonia, por su parte, recurrían a animales marinos como la ballena. Según sus creencias ancestrales, las ballenas pintaban el cielo con sus chorros de agua. De hecho, estas tradiciones se alimentaron tanto del imaginario popular, que en ocasiones aparecieron elementos más exóticos como los cocodrilos.

Muchas historias las tachaban de peligrosas, y portadoras de malos augurios, especialmente las rojas. Había quienes no permitían que sus hijos saliesen fuera cuando había aurora por si les quemaba el pelo. De hacerlo, tenía que ser con un gorro. Se relataban incluso casos de gente asesinada a manos de las luces del norte, por hacer burla de las mismas.  Cuando tomaba el rol de Cassandra, la aurora precedía toda clase de catástrofes, si bien los incendios eran su especialidad. El color rojizo de las luces llevaba a imaginar ciudades en llamas, lo cual era un riesgo con el que convivían ya que la mayoría de las casas eran de madera.

En algunas zonas del norte de Europa, Asia y América, sostenían que las auroras eran una buena residencia para los muertos, especialmente para aquellos que habían hallado su fin de forma violenta o demasiado temprana. En otras, pensaban que los espíritus lo pasaban en grande. Los esquimales de  Groenlandia y norte del Canadá los imaginaban jugando al fútbol con un cráneo de morsa. Por este motivo, su nombre para la aurora es aqsalijaat, que significa el rastro de aquellos que juegan al fútbol. En la isla de Baffin se dice que el propio cráneo de morsa lo encontraba tan divertido que hacía castañear sus mandíbulas. Lo que no resultaba tan entretenido o gracioso de esta visión era que aquellos que contemplaban el fútbol espiritual corrían el peligro de que el simpático cráneo les arrancase la cabeza.

Los lapones consideraban que existía una conexión entre el clima y las auroras. Como servicio de predicción meteorológica, su llameo en lo alto del cielo anunciaba un tiempo caluroso. Pero al tener poderes mágicos no se limitaba a esta utilidad y también servía para influir en el clima. Había diferentes métodos. En Kvikkjokk, por ejemplo, se entonaba un cántico que empezaba: “gokseth (aurora), lipi, lipi”. Lipi es la abreviatura de lihphuit que significa aleteo.

Para acabar de dificultar el asunto cabe decir que no todo el mundo estaba conforme en que el revoloteo de una aurora significase un clima cálido, algunos pensaban que se acercaba el frío y otros que habría tormenta. Es definitiva, en lo que estaba de acuerdo la mayoría es que indicaba un cambio de tiempo.

Algunos observadores de auroras están convencidos que tienen sonido. Esto, a priori, sería imposible si, tal como defienden, las “han escuchado” al mismo tiempo que contemplaban las fluctuaciones luminosas. Puesto que la velocidad de propagación del sonido es mucho menor que la de la luz, no puede existir sincronización entre ambos efectos (como ocurre con el rayo y el trueno).

Suponiendo una aurora que se halle aproximadamente a 100 kilómetros de la superficie de la tierra el sonido se percibiría casi cinco minutos después que la  luz.

Todas estas creencias que pueden resultarnos muy lejanas, no lo son tanto. Sin ir más lejos, en nuestro siglo, los Indios y Lapones, que viven actualmente en las regiones donde se da más el fenómeno, aún le guardan cierto respeto. Las personas mayores recuerdan como se obligaba a los niños a portarse bien y permanecer en silencio cuando había auroras. Incluso en Escandinavia y en Norteamérica, hay quien piensa que puede invocar a la aurora silbando pero se abstienen por el miedo de que resulte peligroso.

Sólo existe una manera de hacer frente a todas estas leyendas e interpretaciones, la ciencia, y es por ello que dedicaremos la tercera y última parte de la trilogía a estudiar las teorías que se han desarrollado en torno a las auroras.

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 Los artículos de “Trilogía de las Auroras Polares: Las Crónicas (I), Las Leyendas (II) y Las Teorías (III)” han sido galardonados con el Premio “It´s Science Bitches” de Emilio Capitel

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Trilogía de las Auroras Polares (I): Las Crónicas

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Las auroras polares son uno de los fenómenos más fascinantes que nos ofrece la naturaleza y han sido muchos, los que, atraídos por su belleza han sentido la necesidad de plasmarla. De la mano de sus testimonios vamos a conocer algunas de las auroras más bellas de la historia de la humanidad y cómo se sintieron nuestros protagonistas contemplándolas.

Para empezar desde el principio, deberemos remontarnos 30.000 años antes de nuestra era. Las pinturas rupestres de las paredes y techos de las cuevas de la Francia meridional parecen registros de auroras. El hombre de cromañón, por tanto, pudo ser el primero en evocarlas.

Cromañón: "Macaroni" puede ser la representación más temprana de una aurora (30.000 A.C.)

Cromañón: “Macaroni” puede ser la representación más temprana de una aurora (30.000 A.C.)

Las culturas antiguas, por su parte, dejaron descripciones de sucesos celestes que corresponden, sin duda alguna, a auroras. El documento escrito de mayor antigüedad del que se tiene referencia, data del año 2.600 AC. Su contenido relata la siguiente historia: “Fu-Pao, la madre del Imperio Amarillo Shuan-Yuan, vio un fuerte rayo moviéndose alrededor de la estrella Su, que pertenece a la constelación de Bei-Dou, y la luz iluminaba toda la zona. Después de lo cual quedó embarazada.” El pueblo chino, para nombrarla, se valía de términos característicos del fuego y de los animales, especialmente del dragón. El rayo, que figura en este pasaje, era uno de los nombres que empleaban a menudo.

Por lo que se refiere a la primera descripción conservada y digna de crédito, se encuentra en las tablillas de arcilla de Babilonia. Los astrónomos reales registraron en estas, todas las observaciones efectuadas durante el trigésimo séptimo año del reinado de Nabucodonosor II, rey de Babilonia. La fecha exacta del suceso fue la noche del 12 al 13 de Marzo del año 567 AC, según el calendario juliano, y en la tablilla se lee: “en la noche del 29 [calendario lunar], apareció una llamarada de resplandor rojizo por el oeste; dos doble-horas…”. Por desgracia, el resto del texto se ha perdido. Cabe destacar que en aquella época la latitud geomagnética de Babilonia era, aproximadamente, 41ON frente a los 27,5ON actuales, lo que permite suponer una mayor incidencia de auroras que en la actualidad.

Otro testimonio más controvertido es el relato del Antiguo Testamento sobre la visión del profeta Ezequiel (I: 1-28) “el año treinta, el cuarto mes, a cinco del mes (probablemente 593 AC), cuando yo restaba entre los deportados a orillas del rio Kebar se abrieron los cielos y percibí visiones divinas.  Y miré y he aquí que un viento tempestuoso venía del norte, una gran nube y un fuego inflamado que brillaba a todo su alrededor, y en medio de él una especie de electro [que salía] del medio del fuego”. A continuación habla de cuatro extraños seresy su relato prosigue: “En medio de tales seres aparecía una visión como de brasas incandescentes, como visión de antorchas que se paseaba entre los seres y un resplandor como fuego y del fuego salían relámpagos”. En el resto de la narración se hace hincapié en resplandores, fuegos y fulgores. Si bien ha sido considerado por diversos autores como la descripción de una aurora, otros tantos opinan que tal interpretación es altamente especulativa.

Los griegos creían que Apolo era el creador de las luces del norte y, por las numerosas crónicas que nos dejaron, parece que éste se prodigó en los cielos de la Grecia clásica. Se pudieron ver auroras en Atenas los años 479 y 466 AC, en toda Grecia en 372 y 348 AC y cerca de Corinto el 343 AC. Entre los autores de los escritos se encuentran personajes tan notables como Aristóteles (Meteorologica, 338 AC), Anaxágoras (fragmento, siglo V AC) y Anaxímenes de Mileto (Sobre la naturaleza, perdido, siglo VI AC). Pero también trataron el tema Jenofonte, quien habló de “la acumulación de nubes ardientes en movimiento” e Hipócrates y Esquilo, que pensaban que eran sólo un reflejo de la luz del sol.

De entre las citadas, la descripción que merece una mención especial es la de Aristóteles:

“A veces, en una noche clara pueden verse una serie de imágenes tomando forma en el cielo, como ‘simas’, ‘fosos’ y colores rojo sangre. De nuevo, éstos tienen la misma causa.

Puesto que hemos demostrado que el aire de más arriba se condensa y prende fuego y que su combustión produce a veces la forma de un fuego ardiente, a veces de ‘antorchas’ o estrellas en movimiento; por lo tanto, es de esperar que este mismo aire, en el proceso de condensación, asuma todo tipo de colores… La causa de la breve duración de estos fenómenos es que la condensación dura por un tiempo corto”.

En la civilización romana, la primera narración de una aurora se fecha en el 460 AC pero las más célebres por su contexto histórico, se produjeron más tarde. La primera de ellas tuvo lugar en el 44 AC, justo antes de que 23 puñaladas atravesasen el cuerpo de Cayo Julio César en la Curia del teatro de Pompeyo, donde se reunía el Senado de Roma. Tuvo tal intensidad que permitió ver a los soldados, tanto de infantería como de caballería.  La segunda, fue en el cielo de Palestina el año 70, cuando el emperador Tito Flavio Sabino Vespasiano, tras un asedio de cinco meses, conquistó Jerusalén y saqueó su templo. El arco de Tito en Roma, fue erigido por su hermano Domiciano para conmemorar esta victoria.

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En cuanto a los relatos, en sí mismos, los más interesantes corresponden a Séneca y a Plutarco. Este último, en su Moralia, hizo un resumen de los textos desaparecidos de Anaxágoras que mencionaban la aurora de 467 AC: “durante 70 días hubo una figura enorme y furiosa en el cielo. Era como una nube de llamas, que no se quedó en su posición, sino que se movió sinuosa y regularmente, de modo que los fragmentos brillantes volaban en todas direcciones y el fuego resplandecía como en los cometas. Esos fragmentos se desprendieron durante rápidos e inesperados movimientos”.

Séneca, por su parte, en el tratado Quaestiones Naturales (libro primero, siglo I) explicó los fuegos celestes de esta forma: “Es tiempo de considerar, brevemente, otros incendios  atmosféricos, de los cuales hay varias formas. A veces parpadea una estrella. A veces hay luces brillantes. A veces son inmóviles y se pegan a un punto, a veces giran. Se observan muchas clases de ellos. En algunos hay un gran hueco en el cielo rodeado por una corona como un agujero excavado en un círculo. Otros son como un enorme masa de fuego redonda, como un barril, con dardos o rayos en un solo lugar. En otros casos una parte del cielo se abre y se esconde– por así decirlo – y envía llamas. Los colores de todos estos fuegos son también muy variados: algunos son de color rojo brillante, algunos parecen una débil y pálida llama, otros tienen una luz blanca, ciertos tienen un color amarillo uniforme sin estallidos o rayos”….”¿Entonces, cómo empiezan? El fuego se enciende por la fricción del aire y es propulsado violentamente por el viento. Sin embargo no siempre el viento o la fricción son la causa. A veces el fuego es generado por ciertas condiciones favorables en la atmósfera. En el cielo hay muchos elementos, seco, caliente, terroso, entre los cuales se origina el fuego y fluye hacia abajo tras su propio tipo de combustible; en consecuencia, se mueve a gran velocidad”…. “Entre estas luces también se puede incluir un fenómeno que con frecuencia leemos en la historia: el cielo parece estar en llamas. A veces su brillo está tan alto que parece estar realmente entre las estrellas. A veces las luces están tan bajas que dan la ilusión de un fuego a cierta distancia. Durante el reinado de Tiberio Julio César Augusto (14 – 37) los vigías se apresuraron en ayuda de la colonia de Ostia como si estuviese en llamas, ya que a lo largo de casi toda la noche hubo un resplandor en el cielo, amorfo, como el de un espeso humo de un fuego. Con respecto a estos fenómenos, nadie duda que tienen la llama que muestran; hay una sustancia definida en ellos”.

Otro hecho histórico que parece evocar la aparición de una aurora fue la salvación de la ciudad de Bizancio frente al sitio de Filipo, rey de Macedonia. En el 360 A.C., Filipo quiso aprovechar el factor sorpresa para la conquista. La vigilancia nocturna de las murallas era mucho menor y la oscuridad les facilitaría la toma de Bizancio sin ser vistos. Pero el plan se torció por la aparición de una luz en forma de luna creciente que iluminó el paisaje dejando a los invasores al descubierto. Para conmemorar el acontecimiento se acuñó una moneda con forma de media luna que, sin embargo, no parece representar a nuestro satélite. Su orientación es errónea vista desde la región mediterránea. Si además se tiene en cuenta que la luz de la luna, sin nieve, no es suficientemente brillante para provocar la iluminación que se explica en la historia, todo hace suponer que la representación corresponde a un arco auroral.

A partir de los testimonios con los que se cuenta, da la impresión de que este suceso presentaba una cierta tendencia a adornar hechos memorables. Por ello, no es de extrañar que también se relacionase la aurora del 3 de marzo de 451 en Francia con la derrota de Atila frente al general romano Aecio en la batalla de los Campos Cataláunicos, en Châlons-en-Champagne, que se libró durante los últimos días de junio de 451, en la margen izquierda del rio Marne.

A partir de la caída del Imperio Romano de Occidente, se abrió un periodo de escasas referencias  en Europa. En el siglo VI, San Gregorio de Tours escribió que las luces del norte eran “…tan brillantes que se podía pensar que el día estaba a punto de amanecer”. En Gran Bretaña, las crónicas se remontan al año 555 y existe una descripción muy detallada de la que tuvo lugar en 585, que fue la más intensa y violenta del siglo VI. En este territorio, la mayoría de auroras ocurridas entre los años 500 y 1100 pueden encontrarse en Chronicle of Scotland y en los relatos vikingos.

La disminución de sucesos registrados en la Edad Media se recuperó hacia el 1500 coincidiendo con la invención de la imprenta que facilitó su mayor y más rápida difusión. El primer documento impreso conocido data de 1490. Su nombre, “Aurora boreal”,  fue acuñado en el siglo XVII, de forma independiente, por el matemático y astrónomo francés Pierre Gassendi por una parte y por Galileo Galilei y su estudiante Guiuducci por otra. Lo emplearon para describir el fenómeno que se produjo el 12 de setiembre de 1621, tras el cual se inició un nuevo periodo de carencia hasta 1715. Cabe señalar que durante este tiempo la actividad solar fue muy baja y se observaron poquísimas manchas solares, lo que se conoce como mínimo de Maunder.

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La aurora del 17 de marzo de 1716 fue especial  tanto por ser la más espectacular del siglo XVIII como por contar con un observador de excepción: Sir Edmund Halley. El astrónomo dio la primera explicación científica de este fenómeno, que sigue teniendo validez actual: “Los rayos aurorales son debidos a las partículas, que son afectadas por el campo magnético; los rayos son paralelos al campo magnético de la tierra y la forma, semejante a una bóveda, es debida a los fenómenos de perspectiva”.

Desde entonces, este bello suceso celeste siguió apareciendo regularmente. Algunas de las más impresionantes, que se vieron desde amplias regiones tuvieron lugar el 11 de febrero de 1958, en la que luces de 2000 km de anchura rodearon el ártico desde Oregón (44O N, 121O W) hasta New Hampshire (44O N, 71O W) y el 13 de marzo de 1989, en la que se iluminó todo el cielo de un rojo brillante y fue vista en Europa y Norteamérica llegando a latitudes tan bajas como la de Cuba.

En la actualidad, nos encontramos en el ciclo solar vigésimo cuarto desde que en 1755 empezó a controlarse sistemáticamente la actividad de las manchas solares. Aunque, según los cálculos el ciclo comenzó el 4 de junio de 2008, la actividad fue mínima hasta principios de 2010. De hecho, durante los años  2008, 2009 y hasta la mitad de 2010, el número de manchas solares observadas fue tan escaso que algunos científicos llegaron a postular un mínimo de Maunder. Sin embargo, el 3 de abril de 2010 se registró la primera eyección de masa coronal (EMC) del ciclo, que provocó una intensa  tormenta geomagnética al impactar con la Tierra dos días después. Cuatro meses más tarde, el 1 y 2 de agosto, se vieron múltiples filamentos magnéticos, estallidos de radio y cuatro EMC orientadas hacia la Tierra que causaron nuevas tormentas geomagnéticas. A consecuencia de ellas, las primeras horas de la mañana del 4 de agosto de 2010 se produjo una aurora boreal que fue visible en latitudes tan al sur como Dinamarca, a unos 56º de latitud N. En Estados Unidos pudo ser observada en Michigan (44O20´N) y Wisconsin (44O30´N). Las luces fueron verdes debido a la interacción de las partículas solares con átomos de oxígeno.

A partir de entonces, han habido y sigue habiendo periodos de intensa actividad, con oscilaciones temporales. Algunos de los más destacados han sido recogidos por los medios de comunicación, no sin cierto alarmismo. En agosto de 2011 tuvieron lugar tres eyecciones combinadas de masa solar que produjeron auroras notables tanto en el hemisferio norte como en el sur. Las boreales llegaron a verse en USA (Utha, Colorado, Oklahoma y Alabama), Inglaterra, Alemania y Polonia y las astrales en Sudáfrica, y el sur de Chile y  de Australia.

En  los primeros meses de 2014 se han producido numerosas auroras visibles en las altas latitudes, Finlandia, Noruega, Rusia… por lo que, si el año sigue tan fructífero, se espera que, a partir de septiembre, puedan observarse más. Debe tenerse presente que el mejor periodo para contemplar el espectáculo celeste va del equinoccio de otoño al de primavera. En esas fechas, muchas son las personas que viajan al norte dispuestos a dejarse seducir por las auroras, decididos a inmortalizar en una imagen, un inolvidable encuentro con la naturaleza.

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Todas las fotografías de la entrada son obra de Paco Bellido (@ElbesoenlaLuna). Para poder disfrutar de su obra no dejéis de visitar sus blogs El beso de la luna y Cuaderno de viaje.

Los artículos de “Trilogía de las Auroras Polares: Las Crónicas (I), Las Leyendas (II) y Las Teorías (III)” han sido galardonados con el Premio “It´s Science Bitches” de Emilio Capitel

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Marie Curie en La Buhardilla 2.0 (@buhardilla)

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Ya puedo decir que he tenido el honor de hacer un platito del día para La Buhardilla 2.0. y, como podéis imaginar por los posts anteriores, me ha hecho muchísima ilusión. ¡Quién me iba a decir a mí mientras escuchaba tantos platitos del día que un día tendría la oportunidad de hacer uno! Abraham, Kike, Javi, Álvaro, ¡gracias por la confianza!

El platito en cuestión fue sobre Marie Curie que, si bien es el icono de la mujer científica,  no es tan conocida como muchos piensan. El cómic “Marie Curie. La actividad del radio” era un buen motivo para repasar algunos aspectos más ocultos de su vida y de su propio carácter. Quedaron cosas por contar, por supuesto, ya que la vida de la física daría para horas y horas de emisión. Pero creo que pudieron tratarse temas interesantes de su biografía. Además, las preguntas que me hicieron tienen mucha miga, fueron realmente acertadas.

En el blog de La Buhardilla 2.0 está el audio para que podáis escucharlo y descargarlo.

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A continuación, os dejo las ideas que expuse y os transcribo los textos que leí por si os resulta interesante consultarlos con calma.

Empezamos el viaje transladándonos al 7 de noviembre de 1867, el día en que nació en Varsovia Marya Salomee (Manya) Sklodowska. El primer golpe duro que sufrió la niña fue la muerte de su madre a los 10 años y es remarcable porque supuso el primer episodio de una depresión recurrente que le acompañó toda su vida. Incluso su profesora le advirtió a su padre que era “extraordinariamente sensible y psicológicamente frágil”.

Años más tarde, tanto ella como su hermana Bronya querían estudiar en París. Dada la falta de recursos de la familia, ambas llegaron a un acuerdo: primero Marie le pagaría la carrera de medicina a Bronya haciendo de institutriz y más tarde la hermana, ya médico, haría lo propio. Pero al más puro estilo “Jane Austen”, mientras hizo de institutriz, Casimir, el hijo de la familia Zorawski, se enamoró de ella. El problema fue que era la vida real y los padres del chico le prohibieron que se casara con una chica pobre. Así que Marya se quedó compuesta y sin Casimir. Por suerte, había un futuro esperándola en París, aunque no parecía demasiado animada para afrontarlo:

“Querida Bronya: He sido tonta, soy tonta y seguiré siendo tonta toda la vida… Jamás he tenido suerte, no la tengo ahora y no la tendré nunca. Soñaba con París como si fuera la redención, pero hace tiempo que perdí la esperanza de ir allí y ahora que se me ofrece la posibilidad, no sé qué hacer… soy muy desgraciada en este mundo.”

Finalmente, se armó de valor, se matriculó en la Facultad de Ciencias de la Sorbona y se licenció en Ciencias físicas como primera de su promoción y, un año después, en Matemáticas como segunda. En París estuvo viviendo en una pequeña buhardilla del barrio Latino (momento complicidad del Platito).

Tuvo suerte ya que su profesor Gabriel Lippmann le concedió una beca para estudiar las propiedades magnéticas de diversos aceros y al instalarse en el laboratorio le recomendó un físico poco conocido que era el experto más eminente en las leyes del magnetismo y había inventado alguno de los mejores instrumentos de precisión (electrómetro): Pierre Curie. Su complicidad y su mutua pasión por la ciencia hicieron que se enamorasen y se casasen al año.

Mientras Marie y Pierre estrenaban vida conyugal, en 1895, Wilhelm Röntgen descubrió los rayos X y un año después, Henri Becquerel, de la dinastía de los Becquerel que contaba con cuatro generaciones de científicos, descubrió una radiación anteriormente desconocida de los compuestos del uranio que era mucho más penetrante que los rayos X. En 1897 publicó seis artículos de los rayos Becquerel pero después pensó que el tema se había quedado en nada.

Pero nuestra protagonista empezó entonces su tesis doctoral (que defendería en 1903) y su marido le propuso investigar precisamente los casi abandonados rayos Becquerel. Descubrió que la intensidad de esta nueva radiación era proporcional al contenido de uranio de la muestra y que los rayos no parecían verse afectados por procesos químicos, solventes o temperatura, lo que sugería que se trataba de una propiedad intrínseca de los átomos de uranio. A esta nueva propiedad de la materia la llamó “radio-actividad”.

marie curieCuando Becquerel se enteró de los experimentos de los Curie se puso manos a la obra y amplió el descubrimiento de Marie de que las sustancias radiactivas eran las mismas en estado líquido o en estado sólido.

El siguiente paso fue separar las impurezas presentes en el mineral crudo. El matrimonio Curie esperaban que la radioactividad aumentaría conforme el elemento se encontrara más puro. Los resultados fueron desconcertantes ya que la purificación reveló la presencia de otras sustancias que parecían ser mucho más radioactivas que el propio uranio y por tanto,  había que aislarlas. Así que usando métodos clásicos de química analítica lograron identificar y describir primero al polonio (nombrado así en honor de Polonia), y luego, su mayor descubrimiento: el radio. Este último resultó ser mucho más radioactivo que el uranio. Para poder confirmar su descubrimiento, decidieron que era necesario obtener una buena cantidad del nuevo elemento en su forma pura.

En 1901 y en 1902 el médico Charles Bouchard propuso a Marie, a Pierre y a Becquerel al Premio Nobel de Física. Pero en 1903 lo que recibió la Academia Sueca fue una carta oficial firmada por cuatro influyentes científicos en la que se proponía únicamente a Pierre y a Becquerel, sin mencionar a Marie. Lo cual era bastante idiota teniendo en cuenta que toda la comunidad científica conocía el papel que había jugado Marie y más aún tres de los cuatro firmantes. El más sorprendente fue su profesor Gabriel Lippmann a quien ella consideraba su amigo. Como era de esperar, Pierre dijo que él no podría aceptar el premio a menos que se incluyese a Marie y Charles Bouchard recordó que él ya la había incluido en sus dos candidaturas previas. Al final la situación fue tan tensa que se concedió el nobel al trio “en reconocimiento de los extraordinarios servicios rendidos en sus investigaciones conjuntas sobre los fenómenos de radiación descubiertos por Henri Becquerel”. A nivel económico decir que si bien Becquerel recibió los 70000 francos de oro, Marie y Pierre tuvieron que repartirse esa misma cantidad.

Aceptaron el premio pero declinaron la invitación a ir viajar a Suecia siendo los primeros en hacerlo. Marie acababa de sufrir un aborto cuando estaba embarazada de cinco meses.

Becquerel tuvo que hacer el sacrificio de acudir sólo a recoger el premio y escuchar como el  presidente de la Real Academia de Ciencias de Suecia le atribuía, hasta tres veces, el mérito exclusivo del descubrimiento de la radiactividad.

A partir de la concesión del Nobel se hicieron famosos, lo que para Pierre fue “el desastre de nuestra vida” y llevó siempre muy mal mientras que Marie, atendía estoica y educadamente a todos los que llamaban. Trabajaban duro en el laboratorio y decidieron darse unas vacaciones familiares para recuperarse. A la vuelta sucedió la catástrofe. Pierre Curie fue atropellado por un carro de caballos mientras iba al laboratorio en 1906. Ese día Marie no había querido acompañarle por ir de excursión con Irene y él se había sentido molesto. El sentimiento que la rompía por dentro la impulsó a escribir un diario en el que se dirigía a Pierre. En palabras de Eve Curie:

“Desde el momento en que tomó conciencia de las tres palabras “Pierre está muerto”, cayó para siempre sobre sus hombros una capa de soledad y de misterio. Ese día de abril, Madame Curie se convirtió no sólo en una viuda sino también en una mujer triste e irremediablemente solitaria”.

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Es mismo año le propusieron la cátedra de Física en la Sorbona que había sido otorgada a Pierre en 1904 y en 1906 dio su primera clase. La expectación era máxima y muy pocos repararon en el hecho de que empezaba la clase en el punto exacto en el que la había dejado Pierre. Se mostró seca y distante, pero la verdadera Marie lo vivió de una manera muy intensa:

“Ayer di mi primera clase en sustitución de mi Pierre. ¡Qué pena y qué desesperación! Te habría encantado verme de profesora de la Sorbona y yo misma la habría dado gustosamente para ti, pero darla en tu lugar, Pierre mío, nadie podría soñar nada más cruel. Cómo sufrí con ello y qué deprimida estoy. Pienso de veras que ha desaparecido toda mi voluntad de vivir y no me queda nada más que el deber de criar a mis hijas y la voluntad de continuar el trabajo que he aceptado. Es posible que también el deseo de demostrar al mundo y sobre todo a mí misma que aquello que tú amabas tanto tiene algún valor real.”

Algunas personas la han acusado de no lograr nada por sí misma desde el fallecimiento de su marido. Personalmente, no le veo sentido a la crítica puesto que el objetivo principal de Marie y de su laboratorio era la investigación médica, biológica e industrial en beneficio de la humanidad. Marie creía sinceramente que el empleo correcto de la radiactividad podía hacer un mundo mejor. Y si quería que el radio se quedase en Francia no era por ningún afán de control sino porque recordaba cómo Pierre le advirtió que las sustancias radiactivas en manos equivocadas podían provocar una enorme destrucción.

Y, entre tanta investigación surgió “El Gran Escándalo”. En 1910 Marie se convirtió en amante de Paul Langevin. El matrimonio de éste no iba muy fino y su mujer ya estaba acostumbrada a los cuernos pero que fuese la famosa Marie Curie quien se los ponía, no le hizo ninguna gracia. Así que contrató a un detective que sustrajo del escritorio de la física las cartas que se habían enviado los amantes.

Ambos asistieron al primer Congreso Solvay (el famoso de la foto) de Bruselas que resultó inolvidable para Marie gracias a dos telegramas: El primero le anunciaba la concesión del Nobel de Química “en reconocimiento de sus servicios en el avance de la Química por el descubrimiento de los elementos radio y polonio, el aislamiento del radio y el estudio de la naturaleza y compuestos de este elemento”. Con ello se convertía en la primera persona a la que se le concedían dos Premios Nobel en dos campos diferentes. El segundo telegrama le comunicaba que Jeanne Langevin había enviado sus cartas a la prensa.

Al saberlo se retiró del congreso y una vez en Francia le cayeron palos por todas partes. La acusaron de extranjero, le tiraron piedras, la llamaron roba-hombres…. Perdió casi a todas sus amistades.

De hecho, poco después de estallar el escándalo un miembro del Comité Nobel le escribió pidiéndole que se abstuviera de acudir a Suecia a recibirlo. Citando las cartas le dijo que “si la Academia hubiese creído que pudiesen ser auténticas no le hubiera concedido el premio”. Dolida por la carta respondió clara y contundente:

“El premio se ha concedido por el descubrimiento del radio y del polonio. Creo que no existe conexión alguna entre mi labor científica y mi vida privada… No puedo aceptar, en principio, la idea de que en la apreciación del valor de las investigaciones científicas deban influir la difamación y la calumnia sobre la vida privada. Estoy convencida que esta opinión es compartida por muchas personas.”

Una Madame Curie dura, orgullosa y más agresiva asistió a la ceremonia del Nobel y en su discurso dejó claro el papel que había jugado en el descubrimiento de la radiaoactividad.

Al volver a casa, sin embargo, estalló en la peor crisis depresiva que había sufrido hasta entonces y enfermó del riñón. Durante su convalecencia, el concepto de átomo se revolucionó gracias a físicos como Rutherford. Como cotilleo apuntar que la nieta de Marie, Helene está casada con el nieto de Langevin, Michel.

En 1913, y después de que muchos científicos traten de convencerla, accede a quedarse con un duplicado de su patrón internacional del radio y entregar el original al Bureau International des Poids et Mesures.

En 1914 la construcción del laboratorio Curie en el Instituto Pasteur estaba casi terminada. Pero el 3 de agosto estalló la I Guerra Mundial.

- En septiembre los alemanes entraron en Francia y avanzaban hacia París. El gobierno se trasladó a Burdeos y Marie fue en tren hasta allí con una maleta de tubos de bromuro de radio recubiertos de plomo. Su equipaje representaba todo el radio que había en Francia.

- A través de la Cruz Roja y la Unión de Mujeres de Francia, Marie Curie instaló un aparato de Rayos X en un camión Renault con sus propias manos convirtiéndolo en la primera unidad móvil de Rayos X de la historia. Llegó a equipar 20 coches (conocidos como los “petit Curie”). En ellos el cirujano se encerraba con ella en el cuarto oscuro mientras pasaban los soldados heridos uno tras otro y así durante horas, días…

No se quedó en la retaguarda, sino que fue de las que fueron al frente y mantuvo diversas peleas con los generales para poder llevar los coches hasta los hospitales del frente. Su hija Irène, con tan solo 16 años, iba con otro aparato de rayos X y ayudaba por su cuenta.

Al acabar la guerra, muy debilitada volvió a trabajar y el gobierno nombró oficialmente a Iréne su ayudante. Quería recaudar dinero para el instituto para que Iréne pudiese seguir con su labor. En una entrevista conoció a una periodista estadounidense, Missy, que le dijo entusiasmada que ella debía tener ese gramo de radio y que recaudaría cien mil dólares de las mujeres de Estados Unidos. Delineator publicó la noticia bajo el titular más efectista: “Ojalá no mueran millones de personas”. Un año más tarde se había conseguido el dinero y volvía a ser el icono en la prensa que la había destruido diez años atrás. Marie fue de bolos a Estados Unidos a recoger el dinero. Sabía que la forma de recaudar era alimentar el mito pero no le gustaba y al final de su vida trató de poner freno al mito que había contribuido a crear.

“La humanidad necesita soñadores, para quienes la búsqueda desinteresada de un fin sea tan imperiosa que les resulte imposible dedicar mucha atención a sus intereses materiales”

En 1934 murió en el sanatorio de Sancellemoz, a los 66 años de edad.

Su hija Irène y su marido Frederic ganaron el Nobel de Química un año después por el descubrimiento de la radioactividad artificial.

“Soy de los que piensan que la ciencia es enormemente bella. Un científico en su laboratorio no es solo un técnico, también es un niño colocado ante fenómenos naturales, que le impresionan como un cuento de hadas.”

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La relevancia del cómic “Marie Curie. La actividad del radio”

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“Estaba totalmente concentrada en mis estudios. (…) Todo lo que veía y aprendía era un nuevo deleite para mí. Era como si se me abrieses un nuevo mundo, el mundo de la ciencia, que por fin me estaba permitido conocer con entera libertad.” Marie Curie

La Colección Científicos está haciendo una labor fundamental en la transmisión de la ciencia a la sociedad. En concreto, a aquel sector de la sociedad más proclive a dejarse fascinar por esta: los más pequeños. Mediante comics de una calidad exquisita, nos ha acercado a científicos tan importantes como Darwin, Galileo y Newton. Tengo los tres cómics firmados por el autor y os aseguro que su lectura es realmente esperanzadora: excelencia al servicio de la divulgación científica.

En este momento está abierto el crowfunding del cuarto libro de la colección y siento una especial predilección por la protagonista. Porque durante la infancia y parte de mi adolescencia Marie Curie fue mi heroína. Más tarde, a medida que disfrutaba sumergiéndome en la historia de la ciencia, fui consciente de que hubo muchas otras grandes científicas que merecerían el mismo reconocimiento. Pero ello, no le quita mérito alguno a Manya Slodovowska. De hecho, después de haber leído seis biografías de ella, puedo decir que sus vivencias y su forma de ser, me parecen tan relevantes como sus descubrimientos. Sé que muchos no coincidiréis conmigo porque creéis que la historia personal no debe tenerse en cuenta al juzgar su relevancia como investigadora.

Por ello, voy a compartir con vosotros por qué, en mi opinión, es tan necesario el cómic de Marie Curie, por qué creo que merece ser el cuarto, por delante de otros científicos imprescindibles.

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La vida de Marie Curie es un claro ejemplo de lo que es la verdadera pasión por la ciencia. Su dedicación y perseverancia son dos cualidades tan inspiradoras como, en ocasiones, infravaloradas. Al igual que sus coetáneas, tuvo que hacer frente a los obstáculos de una sociedad machista siendo, por tanto, unan gran fuente de motivación para ambos sexos. Su lucha nos recuerda que no debemos perder de vista el objetivo final por importantes que sean las dificultades que entorpezcan el camino. Ya no hablamos de hombres y mujeres, hablamos de personas con el valor suficiente para caminar en la tormenta.

Marie, al contrario de lo que muchos piensan, era muy insegura y tuvo que convivir durante toda su vida con un demonio que iba apareciéndosele de forma periódica: la depresión. Pasó momentos duros de reclusión y aislamiento y en muchas ocasiones se sintió alguien extraño que no encajaba en el papel que la sociedad le tenía reservado.

“En cuanto a mí, estoy muy contenta, pues a menudo oculto riéndome mi absoluta falta de alegría. Es algo que aprendí a hacer cuando me di cuenta de que las criaturas que lo viven todo tan intensamente como yo y no son capaces de cambiar esa característica de su naturaleza tienen que disimularla lo mejor posible… Hubo algunos días muy duros y lo único que me alivia al recordarlos es que a pesar de todo siempre he mantenido la cabeza bien alta.” Marie Curie

Las personas que quiso tuvieron que compartir su corazón con la ciencia. En el caso de su matrimonio, esto reforzó todavía más el vínculo que le unía a Pierre pero en su maternidad supuso, a veces, un frío distanciamiento. La devoción de Irène por su madre y por su labor investigadora hizo que se mantuviesen muy unidas, pero con Eve, la niña que no fue científica, la relación fue muy diferente.

“Éramos muy felices, a pesar de las difíciles condiciones en las que trabajábamos. Pasábamos los días en el laboratorio, a menudo comiendo allí mismo un simple almuerzo de estudiante. Reinaba una gran tranquilidad en nuestro pobre y miserable cobertizo; de vez en cuando, mientras observábamos una operación, andábamos de arriba abajo hablando de nuestro trabajo, presente y futuro. Estábamos tan absortos en nuestros pensamientos como en un sueño.” Marie Curie

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Entre los logros que consiguió gracias a su esfuerzo se encuentran convertirse en la primera mujer licenciada en física en la Sorbona (un año más tarde en matemáticas), la primera mujer nombrada profesora en dicha institución, la primera galardonada con dos premios Nobel (física y química) y la primera mujer elegida miembro de la Academia Francesa de Medicina. Triunfos científicos y personales de una mujer que era muy diferente a la imagen que proyectaba, de una mujer de carne y hueso que luchó muy duro por vivir su sueño.

“Me he esforzado, no sin aprensión, en comprender los principios que inspiraron a Marie Curie… Temo que sólo sugieran un ser seco y metódico, lleno de prejuicios. La realidad es diferente. La criatura que quería que fuéramos invulnerables era demasiado tierna, demasiado delicada, demasiado dotada para el sufrimiento. Ella, que nos había acostumbrado voluntariamente a no exteriorizar los sentimientos habría deseado sin duda alguna, sin confesarlo, que la abrazáramos y le mostráramos más cariño. Ella, que quería que fuéramos insensibles, se moría de pena al menos signo de indiferencia” Eve Curie

El cómic de Marie Curie  de Jordi Bayarri debería ser una realidad.  En nuestra mano está conseguirlo.  

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Mis aventuras en el Pograma 100 de La Buhardilla 2.0

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Fotografía de Alberto Márquez

Si en el post anterior os anuncié el Pograma 100 de La Buhardilla 2.0, en este os enlazaré el audio para que podáis disfrutar de él y os daré mucha envidia…

El sábado tuve el placer de desvirtualizar a Abraham, a Kike, a Javi, a Álvaro y a Ana (la quinta buhardillera) y sentí que me había quedado muy corta, pero que mucho, con todos los elogios que les había dedicado. Son excepcionales en todos los sentidos, verdaderamente grandes. No puedo transmitiros, con palabras, hasta qué punto lo son, para saberlo tendréis que tratar con ellos.

La grabación del Pograma 100 fue muy especial. Entre el público se encontraba parte de lo mejorcito de la divulgación científica y del mundo del podcasting, otra evidencia más del talento y la calidad de La Buhardilla 2.0. Pude reencontrarme con amigos que hacía tiempo que no veía y conocer, entre otras, a personas tan interesantes como Salvador Márquez, Álvaro Peralta, Elena Esteve, Carlos Sogorb o Álvaro Martín, director de Sevilla Web Radio.

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Durante la emisión, nuestros protagonistas dieron las gracias a todos aquellos que les habían ayudado a lo largo de los años, ofrecieron unas pinceladas de actualidad y contaron algunas anécdotas muy curiosas de las grabaciones buhardilleras. El plato fuerte fueron las entrevistas a personas de la talla de Alberto Márquez (@twalmar), Javier Peláez (@irreductible), Álvaro Martín (@alvaromartin77), Francis Villatoro (@emulenews), Álvaro Peralta, también conocido como “Láserman” (@ribap) y Elena Esteve (@helenesteve).

A petición de mi amigo Francis (secundado por Láserman), que parecía saber mejor que yo la ilusión que me haría aparecer en el Pograma 100, también fui entrevistada y hablé un poco de “mi libro”, vaya, de protección radiológica. Estaba especialmente nerviosa, supongo que de la emoción que sentía en ese momento.

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No voy a alargarme más sobre los contenidos del programa porque estoy segura de que lo que queréis es escucharlo. En el Blog de La Buhardilla 2.0 viene el audio junto a una explicación detallada de la temática de cada una de las conversaciones mantenidas. ¡A qué esperáis a descargarlo!

Por lo que al fin de semana se refiere, no puedo acabar el post sin dedicarle un agradecimiento muy especial y mandarle un besazo al mejor anfitrión que podía tener: ¡Gracias Abraham!

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